lunes, 6 de abril de 2015

UNA ALIMENTACIÓN SANA ES IMPORTANTE



Por Cristina Ibáñez

Una alimentación adecuada es muy importante. Es aquella que brinda una gran variedad de nutrientes para un buen desarrollo y  mantenimiento de nuestro organismo.

El cuidado en el equilibrio de la alimentación es fundamental para los niños, niñas y adolescentes, ya que se encuentran en  un etapa de crecimiento importante, por lo tanto su cuerpo necesita mucha  energía y nutrientes, que les permita realizar diferentes actividades, entre ellas el aprendizaje.  

Por otro lado, cada día son más las personas que se  enferman y mueren por complicaciones relacionadas a una mala alimentación. Por ejemplo las enfermedades que atacan al corazón, el colesterol,  la diabetes, los problemas renales y otros. Son algunas de estas enfermedades que están afectando la salud de los hombres y las mujeres, pero también a los y las jóvenes, niñas y niños en todo el mundo, lamentablemente nuestro país no es la excepción.

Hace décadas nuestros tatarabuelos, abuelos y abuelas, se alimentaban con productos sanos naturales y nutritivos, producidos   por sus propias manos, sin necesidad de alteración química. Ellos y ellas eran personas sanas, casi no padecían de enfermedades, como ahora pasa con mucha gente.

Nuestro cuerpo necesita también proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y otros que se encuentran fundamentalmente en verduras, frutas y cereales. También el agua es vital para el buen funcionamiento del cuerpo humano.

Los alimentos de origen animal, en cantidad moderada, aportan proteínas de buena calidad, grasa, vitaminas, hierro y calcio.

Los padres y madres debemos alimentar a nuestros niños y niñas  desde muy pequeños de manera adecuada y variada, para  que así se les haga un hábito y se reduzcan los riesgos de enfermedades, además tener una calidad excelente de vida.  

miércoles, 1 de abril de 2015

EL PRIMER PASO DE LA CORTE DE LA HAYA



Por María Pacosillo

Estoy obligada por mi espíritu patriótico a demandar al mundo entero solución y justicia al problema marítimo para vivir en el marco del respeto y tolerancia entre las y los hermanos latinos.

En estos 117 años, desde que perdimos el mar, las y los pobladores chilenos han hecho conocer diferentes posiciones, algunos supuestamente tenían intensiones de dar solución al problema marítimo; otra gente decía que no había nada pendiente sobre este tema, que los tratados que se habían firmado el año 1904 eran definitivos e inalterables. Otra posición decía que Bolivia nunca tuvo mar y que las y los chilenos solo habían recuperado con la guerra del Pacífico lo que les pertenecía.

Ante estas aseveraciones, con un claro intento de tergiversar lo que sucedió, el gobierno de Bolivia ha recurrido ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya, teniendo como representantes a los ex presidentes de nuestro país Jorge Rodríguez Beltze y Carlos Mesa, que fungen como voceros, debatiendo las versiones de la diplomacia chilena con respecto a nuestro derechos a una salida soberana al mar.

En mayo comenzará el proceso que posiblemente sea un camino para tener la salida al mar que muchos y muchas anhelamos, pero  esta demanda podría durar hasta 10 años, mantenemos la ilusión y la esperanza que no deben extinguirse.

Pero esta esperanza de la soberanía marítima no debe funcionar como ancla en el desarrollo de nuestro país, de nuestros proyectos, de abrir otras posibilidades de avance. Somos un país capaz de desarrollarse a pesar del enclaustramiento  y si queremos podemos llegar a ser una potencia productora en el mundo, como otros países que tampoco tienen una salida al mar. Esa posibilidad solo la podemos  concretar nosotros y nosotras, no depende de un gobierno, sino del esfuerzo que le ponemos al trabajo día a día, de nuestra constancia en nuestros proyectos, de nuestra lucha y de nuestro deseo de que el país crezca.

LAS TRABAJADORAS DE HOGAR TENEMOS QUE SEGUIR LUCHANDO



Por María  Paco

Las trabajadoras del hogar, antes de organizarnos en sindicatos o de otras maneras, hemos pasado por cosas muy ingratas, injusticias, explotación y discriminación.  

Las niñas y jóvenes en el área rural solo tenían la posibilidad de estudiar hasta quinto de primaria, pero las que tenían suerte, pues otras, o no tenían recursos, o sus padres no las dejaban ir a la escuela. Por ello, para buscar otras oportunidades, muchas nos hemos visto obligadas a migrar lejos de nuestras familias y del lugar donde nacimos.  

La mayoría de las migrantes, llegando a la ciudad no sabíamos ni leer ni escribir, todo porque nuestros padres  de mentalidad machista creían que las mujeres no necesitamos estudiar, así   nos sumergieron en la ignorancia y pasamos a engrosar las filas de las trabajadoras de hogar, no es que sea malo, pero es casi el destino obligatorio para nosotras las migrantes. 

En los empleos como trabajadora del hogar, también hay diferencias, pues podría clasificarlas en: las mujeres que tienen suerte y son a quienes se les respeta todos y cada uno de sus derechos, de estas hay muy pocas. 

Las otras compañeras son las que tienen menos suerte, pero por lo menos pueden salir los domingos y se les concede algunos de sus derechos, como “libertades” entre comillas, por ejemplo algún tiempo mínimo para poder estudiar. Y por último están las compañeras que no tienen suerte, que son muchas, explotadas por su empleador o empleadora, a las que no se les reconocen sus derechos, e incluso se las tiene en situación de esclavitud, porque aparte del exceso de trabajo, no se les paga.  

Para los tres tipos de trabajadoras hay presión en el empleo, ninguna se salva, pues los jefes o jefas todo el tiempo nos controlan con mucha desconfianza, como si nosotras no tendríamos valores y no trabajáramos a conciencia.

Algunas veces, por accidente, al  limpiar se nos rompe algún adorno o plato o alguna vez nos ha pasado que quemamos el arroz, son cosas que le puede pasar hasta él o la más experta. Pero los y las jefas no entienden eso y lo primero que hacen es descontarnos el sueldo que tanto nos cuenta ganar y cuando nos parece una injusticia y nos atrevemos a reclamar, nos discriminaban llamándonos “imillas boconas”, encontrando el pretexto perfecto para despedirnos sin  sueldo ni beneficios. Aun así, en un lugar donde el que tiene plata tiene poder y puede ejercer abuso en contra de las que no tenemos, nos cansamos y nos hemos organizado y hoy en día las trabajadoras del hogar hacemos historia en el mundo. El camino no ha sido fácil y pese a los tropiezos, organizadas podemos reclamar nuestros derechos, visibilizarnos como sector y reivindicar nuestra labor. Se han conquistado leyes y reglamentos en favor de las trabajadoras del hogar, las autoridades casi no hacen respetar ninguna de estas, pero nosotras, como hemos venido luchando hasta ahora, lograremos que se respeten los derechos que nos hemos ganado a base de esfuerzo.