jueves, 22 de julio de 2010
INVASIÓN DE PRODUCTOS CHINOS EN LOS MERCADOS BOLIVIANOS
Por Emiliana Quispe
En estos últimos tiempos vemos que hay en gran cantidad los productos chinos. Se han expandido en los centros comerciales en diferentes ferias. Tanto en la ropa como en juguetes y artefactos.
Los artefactos son de imitación de grandes marcas Sony y otras. Hay veces que la gente no conoce y se compra pensando que es una buena marca. Los vendedores también aprovechan y hacen creer que se trata de un artefacto original.
En electrodomésticos la mayor parte son equipos chinos.
En ropa, vemos en las mañaneras inclusive que antes era ropa confeccionada aca que ya es ropa china, la Uyustus y la Tumusla está completamente sembrada de ropa china.
En zapatos también vemos la invasión de zapatos chinos en La tablada y en la Tumusla principalmente.
En juguetes ni qué decir, ahí el dominio chino es total, todo es chino.
La gente busca este producto porque es más barato. Este producto es más barato porque no pagan impuestos y meten por la vía del contrabando, y también tienen costos bajos, porque son explotadores de mano de obra barata.
Nuestro producto nacional no es de tan buena calidad. Por ejemplo, nuestro producto no tiene un buen acabado, no tiene costuras fuertes y durables. Y muchas veces la tela misma no es de calidad.
Los confeccionistas usan las telas más baratas para confeccionar sus prendas, traen telas baratas de Perú y con eso cosen la ropa.
Como conclusión podemos decir que para los productores bolivianos necesitamos cursos de capacitación, para que confeccionen ropa de mayor calidad. Para frenar la invasión china de productos de contrabando tiene que haber mayor control de las fronteras. Por último, para apoyar el producto boliviano también hay que conscientizar a la gente.
martes, 20 de julio de 2010
JÓVENES Y CONSUMO DE ALCOHOL
Por Mireya Quispe
Los jóvenes, chicos y chicas, en muchos pueblos de nuestro país comienzan a tomar desde muy temprana edad, incluso desde los 12 y 13 años. Esto depende de las amistades que tengan.
Esto es muy lamentable, porque eso los puede llevar al alcoholismo. Mucho tiene que ver la relación con los padres, porque algunos descuidan el seguimiento necesario de los hijos. En el pueblo, cuando las chicas y los chicos regresan del colegio, por ejemplo, nadie les dice nada, ni siquiera cómo te fue en las clases.
La preocupación es que salgan de una vez a pastear las ovejas, que lleven al ganado a tomar agua o que trabajen en la chacra. Entonces los jóvenes se sienten desamparados y por eso inician malas amistades.
Entre los jóvenes que consumen alcohol se pueden encontrar situaciones muy delicadas, como la soledad, el no tener apoyo adecuado de la familia, el que sus padres no se lleven bien o la partida de un ser querido, eso también influye.
Uno piensa que con el alcohol va a poder olvidar; sin embargo, no es así. Pero cuando los jóvenes ya han comenzado a tomar existe la posibilidad de que cada vez sea más difícil dejar la bebida.
A muchos papás y mamás en el campo les preocupa que sus hijos tomen. Pero al mismo tiempo ellos también toman. Y hay veces en que les reclaman y les pegan estando borrachos.
En las fiestas de pueblo, hay mucha gente adulta que le ofrece trago a los jóvenes, especialmente cuando son tímidos y no quieren bailar. Supuestamente eso es para que se alegren y pierdan el miedo. No es que les obliguen, pero les enseñan a tomar.
Eso pasa en los prestes, en las entradas folklóricas, en las fiestas patrias, cuando salen bachilleres, cuando se van al cuartel, cuando regresan y los festejan. Cualquier motivo es bueno para “servirse”.
Entonces, cómo vamos a poder salir de ese consumo exagerado de alcohol que arrastra nuestros jóvenes y que puede convertirse en adicción.
En las ciudades, la Policía y al Alcaldía anda detrás de los jóvenes que consumen alcohol en los bares o en las calles, pero en muchos casos lo que hacen es chantajearlos, sacarles plata, golpearlos o detenerlos. Así no se va a evitar que los jóvenes tomen. En los pueblos en cambio, las autoridades toman igual que el resto de la gente cuando hay fiesta.
Como personas mayores deberíamos ser un ejemplo, no se trata de prohibir el consumo de alcohol ni de perseguir a los jóvenes. Más bien dialogar con ellos y hacerles ver que el exceso les hace daño.
Los jóvenes, chicos y chicas, en muchos pueblos de nuestro país comienzan a tomar desde muy temprana edad, incluso desde los 12 y 13 años. Esto depende de las amistades que tengan.
Esto es muy lamentable, porque eso los puede llevar al alcoholismo. Mucho tiene que ver la relación con los padres, porque algunos descuidan el seguimiento necesario de los hijos. En el pueblo, cuando las chicas y los chicos regresan del colegio, por ejemplo, nadie les dice nada, ni siquiera cómo te fue en las clases.
La preocupación es que salgan de una vez a pastear las ovejas, que lleven al ganado a tomar agua o que trabajen en la chacra. Entonces los jóvenes se sienten desamparados y por eso inician malas amistades.
Entre los jóvenes que consumen alcohol se pueden encontrar situaciones muy delicadas, como la soledad, el no tener apoyo adecuado de la familia, el que sus padres no se lleven bien o la partida de un ser querido, eso también influye.
Uno piensa que con el alcohol va a poder olvidar; sin embargo, no es así. Pero cuando los jóvenes ya han comenzado a tomar existe la posibilidad de que cada vez sea más difícil dejar la bebida.
A muchos papás y mamás en el campo les preocupa que sus hijos tomen. Pero al mismo tiempo ellos también toman. Y hay veces en que les reclaman y les pegan estando borrachos.
En las fiestas de pueblo, hay mucha gente adulta que le ofrece trago a los jóvenes, especialmente cuando son tímidos y no quieren bailar. Supuestamente eso es para que se alegren y pierdan el miedo. No es que les obliguen, pero les enseñan a tomar.
Eso pasa en los prestes, en las entradas folklóricas, en las fiestas patrias, cuando salen bachilleres, cuando se van al cuartel, cuando regresan y los festejan. Cualquier motivo es bueno para “servirse”.
Entonces, cómo vamos a poder salir de ese consumo exagerado de alcohol que arrastra nuestros jóvenes y que puede convertirse en adicción.
En las ciudades, la Policía y al Alcaldía anda detrás de los jóvenes que consumen alcohol en los bares o en las calles, pero en muchos casos lo que hacen es chantajearlos, sacarles plata, golpearlos o detenerlos. Así no se va a evitar que los jóvenes tomen. En los pueblos en cambio, las autoridades toman igual que el resto de la gente cuando hay fiesta.
Como personas mayores deberíamos ser un ejemplo, no se trata de prohibir el consumo de alcohol ni de perseguir a los jóvenes. Más bien dialogar con ellos y hacerles ver que el exceso les hace daño.
miércoles, 14 de julio de 2010
LA MARCHA DE LA CIDOB
Por Yola Mamani
Hace 24 días que se inició la marcha de pueblos indígenas del oriente de Bolivia, en busca de reivindicar su derecho a la tierra y a la autonomía. Pero hasta ahora no han conseguido una respuesta de nuestros gobernantes, a pesar de que se trata de un gobierno donde las y los indígenas tienen amplia representación.
Lo que se ha visto hasta el momento es que gente que también es indígena, pero que está en el poder, lo único que hacen es desprestigiar a otras organizaciones que están de acuerdo con el proceso de cambio, pero que sienten que hay cosas que no están funcionando bien. Por ejemplo, que no hay democracia para reclamar y hacer propuestas ni demandas. El derecho a hablar y a ser escuchado y atendido es algo que no se está cumpliendo.
En el exterior del país, mucha gente cree que en Bolivia han mejorado las condiciones de vida de toda la población indígena. Lo que no saben, es que hay indígenas que están atacando a su misma gente o que, probablemente, los indígenas del occidente no consideren a los indígenas del oriente como su gente, porque allá tienen otra visión de la tierra, de las organizaciones y de muchas cosas más.
Me da mucha rabia cuando lo escucho a Isaac Avalos e incluso al mismo Presidente descalificar a los indígenas que están haciendo una protesta pacífica, que a nadie le está perjudicando porque no hay bloqueo de carreteras ni de calles. Tal vez por eso no les hacen caso, porque parece que el gobierno ya tiene la costumbre de atender los reclamos sólo cuando hay muertos.
Decir que a las y los indígenas los financian algunas ONGs de Estados Unidos, como USAID, es como reconocer que todas las protestas de los sectores son financiadas. Porque ¿cuál es la diferencia entre las protestas que hacían Evo Morales, Isaac Ávalos y otros, y la protesta de los indígenas del oriente?.
Yo me pregunto, ¿acaso cuando salía a marchar el señor Isaac Ávalos le financiaba alguna ONG? Además, si estamos en un proceso de cambio tenemos derecho de reclamar si no estamos de acuerdo con algo.
Eso no quiere decir que estemos en contra del gobierno, sino que estamos dispuestos a defender nuestros derechos y hacernos escuchar con los gobernantes. Ya sabemos que wawa que llora no mama.
Como trabajadora del hogar me siento decepcionada de nuestros gobernantes. Tanto habíamos luchado para esto. Aparte, si ahora se habla tanto del respeto a las y los indígenas, ¿por qué ni siquiera les están dando un vaso de agua a los marchistas? No tenemos que olvidarnos que esa gente fue la que comenzó la lucha por una Asamblea Constituyente en 1990, también con una marcha de más de 600 kilómetros hasta La Paz. Veinte años después tienen que seguir marchando porque quieren ser parte de la construcción de un nuevo país.
martes, 13 de julio de 2010
EL LINCHAMIENTO NO ES JUSTICIA COMUNITARIA
Por Antonia Cuno
En los últimos años, los linchamientos han aumentado en casi todo el país, pero lo grave es que se ha hecho ver a este delito como si fuera justicia comunitaria.
En esto mucho han tenido que ver algunos medios de comunicación, porque al reportar un asesinato bajo la forma de linchamiento dijeron en su momento que fueron “los comunarios, los vecinos de tal zona que aplicaron la “Justicia Comunitaria”.
Esa confusión ha sido también resultado de la manipulación, tanto de quienes pretenden desprestigiar a la justicia comunitaria, como de quienes han cometido el delito y quieren burlarse de las leyes.
El caso más reciente ha sido el linchamiento de cuatro policías en Uncía, Potosí; pero también en Cochabamba han linchado a tres policías el año pasado. En ambos casos se habló de corrupción vinculada al narcotráfico y al contrabando, pero no han sido los únicos.
Según un recuento que hizo el periódico La Razón, “en los últimos cinco años, en Cochabamba, 34 personas han sido linchadas en nombre de la justicia comunitaria y nadie ha sido juzgado ni enviado a la cárcel por esos hechos”. Y peor todavía en los casos de intento de linchamiento, como pasó con otro policía y su hijo adolescente que lo acompañaba porque no tenía con quién dejarlo.
Pero la justicia comunitaria no es matar, no es asesinar a la otra persona dejando niñas y niños huérfanos, y familias deshechas.
Jamás he visto ni he escuchado en mi pueblo sobre los linchamientos. Como migrante del campo a la ciudad y como trabajadora asalariada del hogar escucho decir a la gente de la ciudad que las personas del campo son malas, que maltratan. Pero eso no es verdad. La gente que vive en el campo, es solidaria, cuando alguien visita los pueblos es bien recibido, hasta te invitan comida y cuando estás de retorno incluso te regalan lo poco que producen.
También es cierto que hay gente mala que va a los pueblos y comete delitos, y en muchos lugares no hay justicia.
Pero lo que está claro es que la justicia comunitaria no tiene nada que ver con los linchamientos.
En los últimos años, los linchamientos han aumentado en casi todo el país, pero lo grave es que se ha hecho ver a este delito como si fuera justicia comunitaria.
En esto mucho han tenido que ver algunos medios de comunicación, porque al reportar un asesinato bajo la forma de linchamiento dijeron en su momento que fueron “los comunarios, los vecinos de tal zona que aplicaron la “Justicia Comunitaria”.
Esa confusión ha sido también resultado de la manipulación, tanto de quienes pretenden desprestigiar a la justicia comunitaria, como de quienes han cometido el delito y quieren burlarse de las leyes.
El caso más reciente ha sido el linchamiento de cuatro policías en Uncía, Potosí; pero también en Cochabamba han linchado a tres policías el año pasado. En ambos casos se habló de corrupción vinculada al narcotráfico y al contrabando, pero no han sido los únicos.
Según un recuento que hizo el periódico La Razón, “en los últimos cinco años, en Cochabamba, 34 personas han sido linchadas en nombre de la justicia comunitaria y nadie ha sido juzgado ni enviado a la cárcel por esos hechos”. Y peor todavía en los casos de intento de linchamiento, como pasó con otro policía y su hijo adolescente que lo acompañaba porque no tenía con quién dejarlo.
Pero la justicia comunitaria no es matar, no es asesinar a la otra persona dejando niñas y niños huérfanos, y familias deshechas.
Jamás he visto ni he escuchado en mi pueblo sobre los linchamientos. Como migrante del campo a la ciudad y como trabajadora asalariada del hogar escucho decir a la gente de la ciudad que las personas del campo son malas, que maltratan. Pero eso no es verdad. La gente que vive en el campo, es solidaria, cuando alguien visita los pueblos es bien recibido, hasta te invitan comida y cuando estás de retorno incluso te regalan lo poco que producen.
También es cierto que hay gente mala que va a los pueblos y comete delitos, y en muchos lugares no hay justicia.
Pero lo que está claro es que la justicia comunitaria no tiene nada que ver con los linchamientos.
lunes, 12 de julio de 2010
SEGURIDAD EN FERIA DE LA 16 DE JULIO
Por Otilia Justo y Adela Gómez
Grandes y pequeños comerciantes se reúnen todos los jueves y domingos en la conocida feria salteña de la 16 de julio. Esa zona se convierte en un imperio donde se puede encontrar desde grandes autos de lujo hasta agujas de todos los tamaños.
Incluso ahora se han abierto galerías, cuando antes la venta era sólo callejera
Esta feria es conocida internacionalmente porque se ha escrito mucho sobre ella y por eso se ha convertido también en un atractivo turístico de la ciudad de El Alto. Las grandes avenidas o las calles estrechas son recorridas en varias horas de paseo o de búsqueda de cualquier cosa que se necesite.
Desde la noche la 16 de julio se llena de vendedoras y vendedores que incluso llegan de las provincias de La Paz con diferentes productos, porque en la 16 de julio hay espacio para todo y parece que para todos. Y no importa que el sol esté quemando o que la lluvia sea torrencial y helada. La gente se queda en el puesto pase lo que pase.
Y lo mismo hacen los compradores, que por miles llegan a la feria y se agolpan por sus calles, por lo cual a veces no se puede ni caminar.
Pero en la 16 de julio no sólo están compradoras y vendedoras, sino también delincuentes que por un lado están buscando gente distraída para robarle y por otro están ofreciendo lo que han robado en otros lugares.
La madrugada se ha convertido en el momento que aprovechan los delincuentes. No es extraño que, por ejemplo, te ofrezcan una manta original de vicuña que todavía tiene restos de mixtura o aretes que no se sabe a quién se los arrancaron.
Las garrafas robadas, por las que seguramente muchas mujeres lloraron, también están allá, así como casi todo lo que se roba en las casas de la gente pobre, especialmente.
Pero así como se pueden encontrar estas y otras cosas baratas, quienes van a comprar también corren peligro, porque los delincuentes que venden estos objetos se ponen de acuerdo para que otros los roben en la esquina.
Los policías llegan cuando todo esto ha pasado y ya ha salido el sol. Y no creemos que no sepan lo que ocurre de madrugada en la 16 de julio, así como tampoco actúan cuando alguien denuncia que ha sufrido algún robo. Por eso, mucho cuidado en estos días de fiesta en la 16.
Mientras esto siga así, la feria de la 16 de julio va a seguir siendo un lugar que incentiva al robo, tanto para los que van a vender lo robado, como para los que roban ahí mismo.
Grandes y pequeños comerciantes se reúnen todos los jueves y domingos en la conocida feria salteña de la 16 de julio. Esa zona se convierte en un imperio donde se puede encontrar desde grandes autos de lujo hasta agujas de todos los tamaños.
Incluso ahora se han abierto galerías, cuando antes la venta era sólo callejera
Esta feria es conocida internacionalmente porque se ha escrito mucho sobre ella y por eso se ha convertido también en un atractivo turístico de la ciudad de El Alto. Las grandes avenidas o las calles estrechas son recorridas en varias horas de paseo o de búsqueda de cualquier cosa que se necesite.
Desde la noche la 16 de julio se llena de vendedoras y vendedores que incluso llegan de las provincias de La Paz con diferentes productos, porque en la 16 de julio hay espacio para todo y parece que para todos. Y no importa que el sol esté quemando o que la lluvia sea torrencial y helada. La gente se queda en el puesto pase lo que pase.
Y lo mismo hacen los compradores, que por miles llegan a la feria y se agolpan por sus calles, por lo cual a veces no se puede ni caminar.
Pero en la 16 de julio no sólo están compradoras y vendedoras, sino también delincuentes que por un lado están buscando gente distraída para robarle y por otro están ofreciendo lo que han robado en otros lugares.
La madrugada se ha convertido en el momento que aprovechan los delincuentes. No es extraño que, por ejemplo, te ofrezcan una manta original de vicuña que todavía tiene restos de mixtura o aretes que no se sabe a quién se los arrancaron.
Las garrafas robadas, por las que seguramente muchas mujeres lloraron, también están allá, así como casi todo lo que se roba en las casas de la gente pobre, especialmente.
Pero así como se pueden encontrar estas y otras cosas baratas, quienes van a comprar también corren peligro, porque los delincuentes que venden estos objetos se ponen de acuerdo para que otros los roben en la esquina.
Los policías llegan cuando todo esto ha pasado y ya ha salido el sol. Y no creemos que no sepan lo que ocurre de madrugada en la 16 de julio, así como tampoco actúan cuando alguien denuncia que ha sufrido algún robo. Por eso, mucho cuidado en estos días de fiesta en la 16.
Mientras esto siga así, la feria de la 16 de julio va a seguir siendo un lugar que incentiva al robo, tanto para los que van a vender lo robado, como para los que roban ahí mismo.
viernes, 9 de julio de 2010
COMERCIALIZACIÓN DE LA ROPA USADA
Por Nelia Catari y Celia Flores
La venta de la ropa usada en Bolivia nos pone a bolivianas y bolivianos frente a ventajas y desventajas. ¿Por qué?.
Entre las ventajas tenemos que la ropa usada está al alcance de todo bolsillo, en especial de la gente de bajos ingresos económicos. Además, gran parte está fabricada con materiales que duran más.
Pero también tenemos las desventajas y las enumeramos:
Uno. Sabemos que con el uso de la ropa usada existe un riesgo para la salud. Los controles sanitarios no existen. Incluso, a pesar de que está prohibido, la ropa interior y los zapatos siguen a la venta.
Dos. La venta de ropa usada daña a las y los pequeños productores de ropa, porque las grandes empresas fabrican para exportar o tienen precios tan altos que es imposible comprar sus productos. Un sector que ha sido golpeado por la venta de ropa usada es el de las “mañaneras”, que además tienen que soportar la competencia de la ropa china.
Tres. Mucha gente que antes fabricaba ropa, ha tenido incluso que irse al extranjero en busca de trabajo, porque las políticas estatales parecería que favorecen más a los contrabandistas que a los productores.
Cuatro. La calidad de la ropa nacional no es buena, porque en el país no se producen los insumos, como las telas y los hilos. Lo que llega es generalmente de contrabando y lo más barato, que en realidad es lo de peor calidad. Así se desmerece el talento y la capacidad que tiene la gente que confecciona.
El gobierno desde que se inició esta gestión, ha venido haciendo promesas para apoyar a las y los confeccionistas, y para frenar a los grandes contrabandistas.
Además, ha prometido apoyar a la gente que vive de la venta de ropa usada, que son miles y la mayoría mujeres de todo el país; había un plan de reconversión productiva que tenía como 11 millones de dólares para capacitación y para apoyar a que la gente pueda dedicarse a otra actividad y formar microempresas. Pero hasta ahora nada ha cambiado.
Es hora de que el gobierno comience a cumplir sus promesas y que explique en qué ha invertido el dinero de la reconversión y cuánta gente ha cambiado de actividad. Exigimos eso.
La venta de la ropa usada en Bolivia nos pone a bolivianas y bolivianos frente a ventajas y desventajas. ¿Por qué?.
Entre las ventajas tenemos que la ropa usada está al alcance de todo bolsillo, en especial de la gente de bajos ingresos económicos. Además, gran parte está fabricada con materiales que duran más.
Pero también tenemos las desventajas y las enumeramos:
Uno. Sabemos que con el uso de la ropa usada existe un riesgo para la salud. Los controles sanitarios no existen. Incluso, a pesar de que está prohibido, la ropa interior y los zapatos siguen a la venta.
Dos. La venta de ropa usada daña a las y los pequeños productores de ropa, porque las grandes empresas fabrican para exportar o tienen precios tan altos que es imposible comprar sus productos. Un sector que ha sido golpeado por la venta de ropa usada es el de las “mañaneras”, que además tienen que soportar la competencia de la ropa china.
Tres. Mucha gente que antes fabricaba ropa, ha tenido incluso que irse al extranjero en busca de trabajo, porque las políticas estatales parecería que favorecen más a los contrabandistas que a los productores.
Cuatro. La calidad de la ropa nacional no es buena, porque en el país no se producen los insumos, como las telas y los hilos. Lo que llega es generalmente de contrabando y lo más barato, que en realidad es lo de peor calidad. Así se desmerece el talento y la capacidad que tiene la gente que confecciona.
El gobierno desde que se inició esta gestión, ha venido haciendo promesas para apoyar a las y los confeccionistas, y para frenar a los grandes contrabandistas.
Además, ha prometido apoyar a la gente que vive de la venta de ropa usada, que son miles y la mayoría mujeres de todo el país; había un plan de reconversión productiva que tenía como 11 millones de dólares para capacitación y para apoyar a que la gente pueda dedicarse a otra actividad y formar microempresas. Pero hasta ahora nada ha cambiado.
Es hora de que el gobierno comience a cumplir sus promesas y que explique en qué ha invertido el dinero de la reconversión y cuánta gente ha cambiado de actividad. Exigimos eso.
martes, 6 de julio de 2010
SEGURIDAD CIUDADANA
Por Nelia Catari y Celia Flores
Paceños y paceñas podemos tener muchas diferencias, pero en lo que coincidimos es en pedir seguridad ciudadana; ese es el clamor que se escucha en todos los barrios de la ciudad, donde no sólo han aumentado los atracos sino que también ha crecido el grado de violencia.
El atraco a mano armada el viernes pasado, en la poblada zona de Villa Fátima, a plena luz del día confirma lo desprotegida que se encuentra la gente en las calles de la urbe paceña. Los criminales actuaron confiados, sabiendo que no iban a tropezarse con la Policía. Lo saben porque no es la primera vez que ocurre un asalto en esa zona.
Entraron a la casa de cambios e hirieron de bala a dos mujeres, madre e hija.
Huyeron sin mayor problema e hicieron disparos al aire, mientras la gente que transitaba por el lugar no podía hacer nada más que mirar con impotencia ese acto criminal. Horas después la madre moría desangrada.
Otro asalto a mano armada ocurrió ayer domingo y le costó la vida a un policía.
Estos casos llegan a conocerse por su alto grado de violencia; por eso mismo aparecen en los medios de comunicación, muchas veces como crónica roja llena de sensacionalismo. Pero cuántos casos más se producen día a día, de gente que es asaltada en las calles o en sus mismas casas, eso lo sabemos porque nos cuentan nuestras propias compañeras, amigas, vecinas… La mayoría se resigna a perder sus cosas, porque hacer la denuncia en la Policía puede costar más caro todavía, además de todo el tiempo que se pierde haciendo el trámite burocrático.
Lo que se publica en los medios de comunicación es sólo una parte de la inseguridad ciudadana que vivimos en La Paz; muchas veces tenemos que cuidarnos también de los mismos policías que chantajean en las calles, comenzando de los que controlan el tráfico de vehículos. Eso hace pues que el temor crezca, ya que sabemos que la Policía no cumple con sus funciones como debería y que nunca está cuando se la necesita.
El Ministerio de Gobierno, y el gobierno en general, no han podido responder a las necesidades de seguridad ciudadana que tenemos y eso es algo urgente.
Paceños y paceñas podemos tener muchas diferencias, pero en lo que coincidimos es en pedir seguridad ciudadana; ese es el clamor que se escucha en todos los barrios de la ciudad, donde no sólo han aumentado los atracos sino que también ha crecido el grado de violencia.
El atraco a mano armada el viernes pasado, en la poblada zona de Villa Fátima, a plena luz del día confirma lo desprotegida que se encuentra la gente en las calles de la urbe paceña. Los criminales actuaron confiados, sabiendo que no iban a tropezarse con la Policía. Lo saben porque no es la primera vez que ocurre un asalto en esa zona.
Entraron a la casa de cambios e hirieron de bala a dos mujeres, madre e hija.
Huyeron sin mayor problema e hicieron disparos al aire, mientras la gente que transitaba por el lugar no podía hacer nada más que mirar con impotencia ese acto criminal. Horas después la madre moría desangrada.
Otro asalto a mano armada ocurrió ayer domingo y le costó la vida a un policía.
Estos casos llegan a conocerse por su alto grado de violencia; por eso mismo aparecen en los medios de comunicación, muchas veces como crónica roja llena de sensacionalismo. Pero cuántos casos más se producen día a día, de gente que es asaltada en las calles o en sus mismas casas, eso lo sabemos porque nos cuentan nuestras propias compañeras, amigas, vecinas… La mayoría se resigna a perder sus cosas, porque hacer la denuncia en la Policía puede costar más caro todavía, además de todo el tiempo que se pierde haciendo el trámite burocrático.
Lo que se publica en los medios de comunicación es sólo una parte de la inseguridad ciudadana que vivimos en La Paz; muchas veces tenemos que cuidarnos también de los mismos policías que chantajean en las calles, comenzando de los que controlan el tráfico de vehículos. Eso hace pues que el temor crezca, ya que sabemos que la Policía no cumple con sus funciones como debería y que nunca está cuando se la necesita.
El Ministerio de Gobierno, y el gobierno en general, no han podido responder a las necesidades de seguridad ciudadana que tenemos y eso es algo urgente.
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