jueves, 7 de julio de 2011

AÚN DESCONOCEMOS NUESTROS DERECHOS LABORALES

Por Cristina Ibáñez

La mayoría de las mujeres jóvenes del campo llegamos a las ciudades desde diferentes provincias, pensando mejorar nuestra situación de vida, ayudar a nuestras familias económicamente y establecernos para formar una familia propia. Por lo general, el primer empleo que se nos presenta es de trabajadoras del hogar.

La mayoría de nosotras no conocemos nuestros derechos laborales, por eso muchas personas abusan y hacen que trabajemos hasta altas horas de la noche, más de 12 o 16 horas diarias. El salario que ganamos no nos alcanza para subsistir, ni para tomar un cuarto en alquiler; muchas seguimos ganando menos de un salario mínimo nacional, 200 o 300 bolivianos, que no alcanzan casi para nada.

Pero la necesidad nos obliga a trabajar en este oficio, porque como venimos del campo, no tenemos familia que nos pueda acoger bajo un techo, entonces tenemos que quedarnos cama adentro, como muchos conocen. Esta modalidad de trabajo es la que nos lleva a trabajar fuera de los horarios establecidos por ley, porque si no el jefe o la jefa se enojan. Hay situaciones más graves todavía en las que tenemos que sufrir las jóvenes la discriminación, el maltrato físico, psicológico e incluso hasta sexual.

La falta de estudios de algunas trabajadoras del hogar, es una de las razones por las que no reclaman sus derechos laborales, pero también está la falta de información sobre esos derechos, y la poca difusión que hacen de los mismos, tanto las autoridades gubernamentales como los medios de comunicación. Debido a esto muchas de nosotras no reclamamos lo que es justo.

Como trabajadoras del hogar, al exigir nuestros derechos laborales, enfrentamos a varios empleadores es muy difícil. Ellos que no quieren respetarnos y que no conocen la ley 2450 de las trabajadoras asalariado del hogar. En esta ley, claramente están escritos nuestros derechos y obligaciones, pero es muy difícil aplicar la norma, el momento en que se están vulnerando nuestros derechos.

Muchas veces nosotras no tenemos tiempo suficiente para capacitarnos en diferentes rubros, el trabajo que realizamos nonos permite disponer de horarios para actualizarnos y obtener conocimientos en muchos ámbitos, ni siquiera para analizar nuestros derechos laborales.

Muchos de los empleadores son abogados profesionales, pero incluso conociendo de leyes no las respetan, me refiero a la ley 2450. Nosotras cumplimos nuestras obligaciones y también pedimos que se respeten nuestros derechos, somos mujeres trabajadoras y luchadoras, y esperamos que se nos trate con el respeto que merecemos.

jueves, 30 de junio de 2011

EL RESPETO

Por Cristina Ibañez

El respeto es una de las actitudes primordiales en nuestras vidas, es lo que sustenta la ética y moral en cualquier campo y en cualquier lugar, pues exige la comprensión entre unos y otros.


Pero hay algo más que complementa el respeto y que hace la vida más llevadera: el entendimiento, la comprensión y una gran porción de amor, es decir que ponerse en los zapatos del otro o de la otra implica tratar de comprender su posición.


Por ejemplo, en una situación violenta, no basta solamente con no responder la agresión o ignorar al agresor, sino que la actitud que deberíamos tomar implica escucharlo con atención y sin el ánimo de cuestionar sus ideas, incluso aceptar la posibilidad de replantear nuestras ideas, eso sería lo ideal de hacer.


Pero las palabras como respeto y tolerancia, hoy en día en algunas familias, resulta extraña, tanto en las comunidades como en las ciudades, muy pocas veces se muestra comprensión en nuestro diario vivir. Casi siempre generamos violencia entre nosotros y nosotras, cualquier cosa es motivo de discusión, no queremos ni que nos rocen o empujen en la calle, nos enojamos cuando alguien nos choca en el minibús porque este partió bruscamente, tampoco se respeta a los ancianos ni a los niños y niñas. Este tema debería ser una de las principales preocupaciones en los colegios.


¿Qué ejemplo les podemos dar a nuestros niños y niñas? si ellos ven como sus madres y padres se insultan en algunos casos, o cuando ven a los políticos golpearse en una discusión cuando no la pueden resolver con el diálogo, además también al ver que en el colegio sus profesores no los respetan porque son menores y creerse ellos dueños de la verdad.


Debemos fortalecer el respeto, aprender a escuchar al otro. Tomemos la decisión de aprender. Nadie es más ni menos que nadie, sólo somos diferentes. Hay que aceptar a los demás con defectos y cualidades, sin juzgarlos, y también deberíamos enseñar a nuestros hijos e hijas a ser respetuosos en cualquier situación, pero con el ejemplo.

miércoles, 22 de junio de 2011

UNA PRÁCTICA TERGIVERSADA

Por Nelia Catari

Las tradiciones de nuestros pueblos que aún mantenemos, es una forma de no perder la identidad de nuestra cultura boliviana. En el altiplano se festeja el año nuevo aymara, el 21 de junio. Este año se recibirá el año 5519. Desde el año pasado se llama año nuevo aymara amazónico, para que los pueblos de ese lado de nuestro país no se sientan discriminados.

Desde que el presidente de Bolivia, Evo Morales, realizó la ceremonia de la toma de mando, esta población es más visitada por extranjeros, pero este rito del año nuevo aymara fue creado en los años 70 con el fin de atraer a los turistas y así generar un movimiento económico más fuerte. Pero no sabemos para quien es ese ingreso de dinero, porque si bien en esta fecha hay más turistas en el lugar, el dinero que recaudan sus autoridades parece que no fuera invertido en el desarrollo de la misma comunidad, pues no hay un mejoramiento de vida para la población, en tantos años que pasaron desde que Tiwanaku es centro de este festejo.

Antes la cultura aymara estaba organizada de otra forma; tenía su propia escritura, valores y principios, y tenía hasta su propia arquitectura, pero ahora el significado de todo ello se ha tergiversado.

Nuestro mismo presidente, al realizar ese rito, ha faltado el respeto a nuestros ancestros, porque solo se presentó en Tiwanaku, para aparentar un origen aymara, del cual no dudamos. Pero después del acto ni siquiera tuvo un poco de respeto por la yatiri que celebró el rito, siendo ésta de la tercera edad, se fue en su helicóptero, como quien cumple con el acto de presencia. Estas celebraciones ya no se las practica como antes, con fe y respeto; ahora se ha vuelto un comercio más, los yatiris cobran por cualquier acto que lleven a cabo.

Está bien que haya un ingreso económico para nuestro país, el turismo es muy importante, pero la Wajta, que es lo que le ofrendamos a la Pachamama, antes no se hacía en cualquier momento, solo en fechas especiales, como en agosto cuando la tierra tiene más hambre, pero actualmente se ha convertido también en un negocio.

Debemos mantener nuestras tradiciones, pero con mucho respeto, no solo por decirnos aymaras, sino porque realmente tenemos fe en la madre tierra y creemos en todo lo que se refiere a nuestra cultura.

lunes, 20 de junio de 2011

21 DE JUNIO, AÑO NUEVO AYMARA

Por Martha Huallpa Cusi

El 21 de junio es el inicio del nuevo ciclo de la producción agrícola del pueblo aymara. En esta fecha se comienza a preparar la tierra para la siembra y coincide con el solsticio de invierno que es el día en que la tierra está más lejos del sol en el hemisferio sur. Según los sacerdotes andinos, en este día han encontrado el punto clave para el reordenamiento de la tierra y es por eso que realizan una serie de ritos.

Desde hace varios años muchos jóvenes, turistas y muchas otras personas, salen de viaje la noche del 20 de junio rumbo a Tiwanaku para recibir los primeros rayos de sol que pasan a través de la famosa Puerta del Sol, la tradición dice que así se recibe la energía de este Dios Andino.

Este año las cosas no cambiaran, seguramente muchas personas asistirán a Tiwanaku para participar de la ceremonia que se realiza al amanecer. Pero el sentido que tenía esta celebración se ha ido distorsionando. Ahora los viajes son organizados en las universidades, por grupos de estudiantes, pero con el objetivo principal de viajar y divertirse, y la diversión incluye el consumo de bebidas alcohólicas. Seguramente algunos de estos jóvenes piden dinero a sus padres con cualquier pretexto, incluso llegan a mentirles.

Algunos estudiantes visitarán el museo que hay en ese lugar, pero a la mayoría solo le interesa el trago y la diversión.

Lastimosamente los comunarios también son parte de esto, porque es la única fecha en que tanta gente visita este pueblo y por eso ellos buscan tener algún ingreso económico extra. Por supuesto, lo que se vende más son estas bebidas embriagantes.

En medio de las fogatas que se organizan en la plaza principal, se van acumulando las botellas de vidrio y plásticas; al día siguiente todo es un desastre, porque además están los escombros de lo que quemaron la noche anterior y todos los desperdicios que echaron los visitantes.

Yo soy una mujer aymara y me molesta que los jóvenes no sepan valorar sus raíces y también que utilicen una fecha tan importante para nuestra cultura, como un pretexto para emborracharse.

Si bien en las universidades o colegios organizan estos viajes, muchas veces con el consentimiento del docente o profesor, también debería enseñarse el significado que tiene el 21 de junio para los pueblos andinos, como una forma de recuperar nuestra cultura y para aprender a respetar el Año nuevo aymara.