Por: Nelia Catari
Las aceras son para las y los peatones. En las veredas principales circulan estudiantes de colegios y universidades; vemos también a mujeres y algunos hombres llevando cochecitos de bebé. Las usan también las personas que van a trabajar todos los días.
Pero las aceras de nuestra ciudad están deterioradas. La falta de un mantenimiento periódico, sumado al crecimiento de las raíces de los arboles, han ocasionado que las aceras en muchas zonas estén llenas de baches. La gente entonces, en lugar de caminar, se la pasa tropezando o evadiendo huecos, lo que no sólo demora, sino que implica un peligro permanente, en especial para las personas discapacitadas, como las que no ven, que seguramente han sufrido más de un accidente al no poder evadir los huecos.
Además de todo esto, y por si fuera poco, algunas aceras son utilizadas como estacionamiento de vehículos, violando las normas de tránsito que otorgan el uso exclusivo de las aceras a las personas.
El colmo de la vulneración de estas normas son los mismos funcionarios públicos que estacionan sus carros en las aceras de sus fuentes de trabajo. Y ni qué decir de comerciantes que se han adueñado de las aceras, exponiendo a la gente a cualquier accidente, pues debe circular por la calzada. No estamos en contra de la venta callejera, pero debe ser racional y considerando la seguridad.
En las últimas semanas, las lluvias han estado más intensas en casi todo el país, entonces los baches de las aceras se llenan de agua y son una molestia para quienes tenemos que transitar por ahí. En la mayoría de las zonas hay baches, en la Rodríguez, San Pedro, Prado, 20 de Octubre, es decir que ni siquiera en el centro paceño las veredas están en buenas condiciones. En la ciudad de El Alto la situación es más grave, pues ni las aceras ni el paso de vehículos reciben mantenimiento.
Hay lugares donde se han arreglado las aceras después de muchos años, pero no es suficiente. Se necesita un mantenimiento constante para cuidar el trabajo y la inversión que hace el municipio con los impuestos que pagamos todas y todos los paceños.
La alcaldía debería preocuparse por solucionar estos problemas y como ciudadanía tenemos que exigir el arreglo de los baches, aunque nos hayamos acostumbrado a verlos y esquivarlos.
Las autoridades municipales, en muchos casos, sólo maquillan las calles más céntricas para que se vean bonitas. Nosotras esperamos que se ocupen de las cosas que realmente necesita la población y que piensen, sobre todo, en las personas discapacitadas que también tienen el derecho de transitar por la ciudad sin que esto sea un peligro mortal.
lunes, 14 de marzo de 2011
viernes, 11 de marzo de 2011
UNA CERTIFICACIÓN PARA COLGAR
Por Nelia Catari
La certificación de competencias para una supuesta mejora laboral de varios sectores, como agricultores, constructores, músicos, trabajadoras asalariadas del hogar y otros, se está otorgando desde hace unos dos años aproximadamente. Lo hace el Ministerio de Educación en coordinación con el Ministerio de Trabajo. Cuando comenzó el proyecto de certificación de competencias estaba a cargo de la Fundación Educación Para el Desarrollo, conocida como la FAUTAPO, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Trabajo. Aunque no lo decían, el propósito de este proyecto era mostrar a la población la imagen de un gobierno que realiza un trabajo positivo en beneficio de la población trabajadora que no tuvo posibilidades de formarse.
Cuando las trabajadoras del hogar, y seguramente otros sectores, escuchamos la propuesta, creímos que iba a ser muy favorable que el Estado nos reconozca como especialistas en cada una de nuestras áreas.
En principio, el Ministerio de Educación iba a registrar a todas las trabajadoras del hogar en cada sindicato y luego se las evaluaría, es decir que les tomarían una especie de examen de sus habilidades en el trabajo del hogar. Si alguna reprobaba, iba a ser capacitada para reforzar su especialidad para que no se quede sin el certificado de competencias que, además, fue promovido como un instrumento para mejorar nuestros ingresos salariales.
Las compañeras dirigentas de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia (FENATRAHOB) y los sindicatos se movilizaron para que todas podamos acceder a este proyecto gubernamental.
La prueba consistía en hacer las labores del hogar en un tiempo determinado. Varios evaluadores, que eran parte de los ministerios y de la FAUTAPO, se aprovecharon de nosotras.
Les explico. Algunos evaluadores nos hicieron la prueba en nuestros mismos trabajos, pero otros nos llevaron a sus casas con el pretexto de evaluarnos allí e incluso a las casas de sus amigos y amigas, o de alguna persona conocida.
Debíamos lustrar los pisos, lavar la ropa, planchar, cocinar y en algunas casas el desorden era extremado. Hacíamos todo, sin ningún reconocimiento económico, a pesar de que cubríamos casi un medio tiempo de trabajo. En la primera fase de la etapa nos otorgaron material de limpieza y cocina, pero en la segunda, que era una especialidad, cada una debía comprarse el material que le hiciera falta con su propio dinero.
La capacitación prometida para las compañeras que no aprobaron la prueba, nunca se dio. Hasta hoy, muchas de nuestras compañeras esperan el certificado por el cual invirtieron tiempo y dinero.
Con acciones como esta, comprobamos que los gobernantes sólo se hacen propaganda y con su discurso hacen creer al pueblo que se preocupan por las y los trabajadores.
Y por otro lado, estos certificados resultan ser un engaño, pues aunque los tengamos, las y los empleadores no lo toman en cuenta a la hora de contratarnos. Al parecer la certificación por competencia sólo ha servido como bandera al gobierno para que creamos que tienen políticas de mejoras en la condición laboral de los y las trabajadoras.
La certificación de competencias para una supuesta mejora laboral de varios sectores, como agricultores, constructores, músicos, trabajadoras asalariadas del hogar y otros, se está otorgando desde hace unos dos años aproximadamente. Lo hace el Ministerio de Educación en coordinación con el Ministerio de Trabajo. Cuando comenzó el proyecto de certificación de competencias estaba a cargo de la Fundación Educación Para el Desarrollo, conocida como la FAUTAPO, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Trabajo. Aunque no lo decían, el propósito de este proyecto era mostrar a la población la imagen de un gobierno que realiza un trabajo positivo en beneficio de la población trabajadora que no tuvo posibilidades de formarse.
Cuando las trabajadoras del hogar, y seguramente otros sectores, escuchamos la propuesta, creímos que iba a ser muy favorable que el Estado nos reconozca como especialistas en cada una de nuestras áreas.
En principio, el Ministerio de Educación iba a registrar a todas las trabajadoras del hogar en cada sindicato y luego se las evaluaría, es decir que les tomarían una especie de examen de sus habilidades en el trabajo del hogar. Si alguna reprobaba, iba a ser capacitada para reforzar su especialidad para que no se quede sin el certificado de competencias que, además, fue promovido como un instrumento para mejorar nuestros ingresos salariales.
Las compañeras dirigentas de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia (FENATRAHOB) y los sindicatos se movilizaron para que todas podamos acceder a este proyecto gubernamental.
La prueba consistía en hacer las labores del hogar en un tiempo determinado. Varios evaluadores, que eran parte de los ministerios y de la FAUTAPO, se aprovecharon de nosotras.
Les explico. Algunos evaluadores nos hicieron la prueba en nuestros mismos trabajos, pero otros nos llevaron a sus casas con el pretexto de evaluarnos allí e incluso a las casas de sus amigos y amigas, o de alguna persona conocida.
Debíamos lustrar los pisos, lavar la ropa, planchar, cocinar y en algunas casas el desorden era extremado. Hacíamos todo, sin ningún reconocimiento económico, a pesar de que cubríamos casi un medio tiempo de trabajo. En la primera fase de la etapa nos otorgaron material de limpieza y cocina, pero en la segunda, que era una especialidad, cada una debía comprarse el material que le hiciera falta con su propio dinero.
La capacitación prometida para las compañeras que no aprobaron la prueba, nunca se dio. Hasta hoy, muchas de nuestras compañeras esperan el certificado por el cual invirtieron tiempo y dinero.
Con acciones como esta, comprobamos que los gobernantes sólo se hacen propaganda y con su discurso hacen creer al pueblo que se preocupan por las y los trabajadores.
Y por otro lado, estos certificados resultan ser un engaño, pues aunque los tengamos, las y los empleadores no lo toman en cuenta a la hora de contratarnos. Al parecer la certificación por competencia sólo ha servido como bandera al gobierno para que creamos que tienen políticas de mejoras en la condición laboral de los y las trabajadoras.
jueves, 10 de marzo de 2011
LA MALA ATENCIÓN MÉDICA
Por Victoria Mamani
La atención en el Hospital Obrero deja mucho que desear. Muchos médicos se han vuelto indolentes ante los malestares de los y las pacientes, los tratan sin un poco de delicadeza; no consideran que están sensibles y que no son sólo un caso que deben atender, sino que son personas que ponen la vida en sus manos. Cuando alguien necesita atención urgente, tiene que esperar el turno que le tocó, no importa si es el paciente número 20 y tampoco si tiene dolores fuertes; una tiene que encontrarse en una situación muy, muy delicada para que la atiendan de inmediato.
Peor aún, cuando se requiere internación, los trámites demandan casi todo el día y después hay que esperar hasta conseguir una cama, porque siempre están ocupadas, es decir que son insuficientes para la cantidad de personas enfermas que hay todos los días. Ni siquiera hay camillas donde puedan descansar, porque a veces el dolor no te deja estar parada. En otros casos, te dicen que vuelvas al día siguiente, pues no cuentan con camas disponibles.
¿Qué harán las personas que no tienen familiares que les ayuden en los trámites?
Las personas de la tercera edad a veces no tienen familia y son tratadas de mala manera. Antes de ser atendidas les preguntan si tienen jubilación o si se hará atender con el seguro de vejez.
Para la persona jubilada el trato es un poco preferencial, pero a quienes recurren al seguro de vejez los maltratan. Parecería que el personal médico piensa que las y los ancianos ya no tendrán oportunidad de vivir y no quieren invertir tiempo en atenderlos. Digo esto porque en una ocasión yo misma fui testigo de lo que le dijo un medico al familiar de una abuelita: “para qué le han traído, ya está vieja, se va a morir, ustedes deberían cuidarle en su casa nomás”. Yo no entiendo cómo siendo personas que han estudiado para salvar vidas, pueden tratar de esa manera a los enfermos. Además si los familiares reclaman, se desquitan con el paciente.
Tal vez sea porque están acostumbrados a atender todo tipo de casos, todos los días, que han perdido la sensibilidad. Pero yo creo que deberían reflexionar y tener presente que también ellos o sus familiares pueden estar en la misma situación y no les gustaría sufrir maltratos.
Por otro lado, el Ministerio de Salud debería verificar la atención que se brinda en los hospitales, además de equiparlos mejor, o por lo menos dotarles de lo esencial para que brinden una mejor atención a la población. La propaganda del gobierno dice que le está dando mejores condiciones de vida a los bolivianos con los bonos Juancito Pinto, Juana Azurduy y otros, pero lo primordial para una mejor vida es la salud, de la que deberían ocuparse más.
La atención en el Hospital Obrero deja mucho que desear. Muchos médicos se han vuelto indolentes ante los malestares de los y las pacientes, los tratan sin un poco de delicadeza; no consideran que están sensibles y que no son sólo un caso que deben atender, sino que son personas que ponen la vida en sus manos. Cuando alguien necesita atención urgente, tiene que esperar el turno que le tocó, no importa si es el paciente número 20 y tampoco si tiene dolores fuertes; una tiene que encontrarse en una situación muy, muy delicada para que la atiendan de inmediato.
Peor aún, cuando se requiere internación, los trámites demandan casi todo el día y después hay que esperar hasta conseguir una cama, porque siempre están ocupadas, es decir que son insuficientes para la cantidad de personas enfermas que hay todos los días. Ni siquiera hay camillas donde puedan descansar, porque a veces el dolor no te deja estar parada. En otros casos, te dicen que vuelvas al día siguiente, pues no cuentan con camas disponibles.
¿Qué harán las personas que no tienen familiares que les ayuden en los trámites?
Las personas de la tercera edad a veces no tienen familia y son tratadas de mala manera. Antes de ser atendidas les preguntan si tienen jubilación o si se hará atender con el seguro de vejez.
Para la persona jubilada el trato es un poco preferencial, pero a quienes recurren al seguro de vejez los maltratan. Parecería que el personal médico piensa que las y los ancianos ya no tendrán oportunidad de vivir y no quieren invertir tiempo en atenderlos. Digo esto porque en una ocasión yo misma fui testigo de lo que le dijo un medico al familiar de una abuelita: “para qué le han traído, ya está vieja, se va a morir, ustedes deberían cuidarle en su casa nomás”. Yo no entiendo cómo siendo personas que han estudiado para salvar vidas, pueden tratar de esa manera a los enfermos. Además si los familiares reclaman, se desquitan con el paciente.
Tal vez sea porque están acostumbrados a atender todo tipo de casos, todos los días, que han perdido la sensibilidad. Pero yo creo que deberían reflexionar y tener presente que también ellos o sus familiares pueden estar en la misma situación y no les gustaría sufrir maltratos.
Por otro lado, el Ministerio de Salud debería verificar la atención que se brinda en los hospitales, además de equiparlos mejor, o por lo menos dotarles de lo esencial para que brinden una mejor atención a la población. La propaganda del gobierno dice que le está dando mejores condiciones de vida a los bolivianos con los bonos Juancito Pinto, Juana Azurduy y otros, pero lo primordial para una mejor vida es la salud, de la que deberían ocuparse más.
miércoles, 9 de marzo de 2011
LOS DAMNIFICADOS DE LA LADERA ESTE
Por Victoria Mamani
Miles de damnificados de la ladera este, en medio del dolor y la impotencia, aún luchan por rescatar cualquier cosa en los lugares donde habitaban. Lo que más da pena son las personas de la tercera edad y los animales, ya que muchos abuelos y abuelas vivían solos junto a sus animales; no pudieron sacar nada más que sus vacas, que son su sustento diario, pues no tienen otro ingreso.
Por ejemplo, en el campamento de Irpavi 2, había una señora de 70 años sentada sobre un tronco. Sin zapatos y sin ropa para cambiarse, decía que estaba ya en la cama cuando escuchó mugir a las vacas, como si alguien le estuviera dando comida o como queriendo salir del corral. Al bajar de la cama, sintió que la pared de su casa crujía; se levantó asustada para ver lo que pasaba y afuera vio que la gente ya estaba sacando sus pertenencias de sus casas, gritando que el cerro se estaba cayendo. No había nadie que la ayude a esta señora, lo único que agarró fue a sus vacas.
Cuando se había alejado y miró atrás, su casa había desaparecido, cuenta llorando la abuelita.
En los campamentos la gente pedía más carpas; yo ví que algunas personas estaban refugiándose en sus autos o armaban una especie de chozas con ramas de los árboles, o se cubrían con ch’iwiñas y plásticos. Si bien recibían frazadas, éstas no eran suficientes, ya que cada familia está integrada por seis o siete personas, e incluso más. Las pocas cosas que pudieron rescatar estaban rotas, llenas de tierra o ni siquiera servían.
El sector de Callapa es productor de leche y queso, y proveía a la población paceña de estos productos. Es por ello había muchos animales como las vacas lecheras con sus crías y toros; pero también hay chanchos, ovejas, gallinas, perros y otros animales. Para la gente hay donaciones, desde los alimentos hasta las ropas de vestir, pero también se necesita solidaridad para estos animales que ya están flacos; en los lugares del desastre, los animales están sacando lo poco que queda de cebada, tallos de choclo, pastos. Da mucha pena estos animales y también los perritos que no quieren abandonar su hogar ni a su familia; pero mucha gente tuvo que dejarlos porque en los albergues no caben estos animalitos. En una casa a medio desplomar unos perros estaban llorando por su dueño y también de hambre; daba pena verlos, no querían moverse del lugar.
Podemos ver que en estos desastres la solidaridad de la población no se fija en el color de la piel y tampoco si la gente es pobre o rica. Muchísima gente contribuyó con lo que pudo, ropa, comida, leche, agua, pan, de todo. Estudiantes de colegios fiscales, de convenio y particulares, repartían alimentos a las wawas, donaban su desayuno escolar. De la misma forma, la juventud voluntaria, conscriptos y premilitares trasladaba los pocos enseres que quedaron en el lugar del desastre, aunque muchas cosas no tienen arreglo. También han trabajado de manera ardua estudiantes de medicina y estudiantes de veterinaria de la Universidad Loyola, y como siempre, incansables, las y los voluntarios de la Cruz Roja.
Los desastres unen a la población y nos llenan de esperanza. Por eso a los políticos y al gobierno del Estado Plurinacional quiero decirles: ya basta de soberbia, trabajen por la unidad, sin mirando simpatías o antipatías. Creo que estas últimas semanas han sido una señal muy clara de unidad, para apoyarnos sin fijarnos en el estatus social. Todos y todas han colaborado con una sola idea de ayudar a la gente que estaba sufriendo una tragedia.
Si los políticos actuaran de esta manera, en Bolivia habría respeto mutuo, solidaridad, reciprocidad y el vivir bien no sería sólo un sueño como hasta ahora.
Por otro lado, para comprarse un terreno hay que verificar bien el lugar, no compren a ciegas o porque es bonito el lugar, porque uno quiere vivir en la zona Sur o en la ciudad. Vean primero la seguridad de su familia. Muchas personas dicen, por ejemplo, que El Alto es una ciudad frío y prefieren comprar terrenos en esos cerros para construir casas de tres cuatro pisos. Muchas de estas construcciones ni siquiera tienen autorización del Alcaldía o está prohibido construir casas de piso, pero lo hacen. Incluso hay que desconfiar de la Alcaldía, porque mucha gente tenía sus planos aprobados e incluso así perdió su casa porque la zona era inestable.
Miles de damnificados de la ladera este, en medio del dolor y la impotencia, aún luchan por rescatar cualquier cosa en los lugares donde habitaban. Lo que más da pena son las personas de la tercera edad y los animales, ya que muchos abuelos y abuelas vivían solos junto a sus animales; no pudieron sacar nada más que sus vacas, que son su sustento diario, pues no tienen otro ingreso.
Por ejemplo, en el campamento de Irpavi 2, había una señora de 70 años sentada sobre un tronco. Sin zapatos y sin ropa para cambiarse, decía que estaba ya en la cama cuando escuchó mugir a las vacas, como si alguien le estuviera dando comida o como queriendo salir del corral. Al bajar de la cama, sintió que la pared de su casa crujía; se levantó asustada para ver lo que pasaba y afuera vio que la gente ya estaba sacando sus pertenencias de sus casas, gritando que el cerro se estaba cayendo. No había nadie que la ayude a esta señora, lo único que agarró fue a sus vacas.
Cuando se había alejado y miró atrás, su casa había desaparecido, cuenta llorando la abuelita.
En los campamentos la gente pedía más carpas; yo ví que algunas personas estaban refugiándose en sus autos o armaban una especie de chozas con ramas de los árboles, o se cubrían con ch’iwiñas y plásticos. Si bien recibían frazadas, éstas no eran suficientes, ya que cada familia está integrada por seis o siete personas, e incluso más. Las pocas cosas que pudieron rescatar estaban rotas, llenas de tierra o ni siquiera servían.
El sector de Callapa es productor de leche y queso, y proveía a la población paceña de estos productos. Es por ello había muchos animales como las vacas lecheras con sus crías y toros; pero también hay chanchos, ovejas, gallinas, perros y otros animales. Para la gente hay donaciones, desde los alimentos hasta las ropas de vestir, pero también se necesita solidaridad para estos animales que ya están flacos; en los lugares del desastre, los animales están sacando lo poco que queda de cebada, tallos de choclo, pastos. Da mucha pena estos animales y también los perritos que no quieren abandonar su hogar ni a su familia; pero mucha gente tuvo que dejarlos porque en los albergues no caben estos animalitos. En una casa a medio desplomar unos perros estaban llorando por su dueño y también de hambre; daba pena verlos, no querían moverse del lugar.
Podemos ver que en estos desastres la solidaridad de la población no se fija en el color de la piel y tampoco si la gente es pobre o rica. Muchísima gente contribuyó con lo que pudo, ropa, comida, leche, agua, pan, de todo. Estudiantes de colegios fiscales, de convenio y particulares, repartían alimentos a las wawas, donaban su desayuno escolar. De la misma forma, la juventud voluntaria, conscriptos y premilitares trasladaba los pocos enseres que quedaron en el lugar del desastre, aunque muchas cosas no tienen arreglo. También han trabajado de manera ardua estudiantes de medicina y estudiantes de veterinaria de la Universidad Loyola, y como siempre, incansables, las y los voluntarios de la Cruz Roja.
Los desastres unen a la población y nos llenan de esperanza. Por eso a los políticos y al gobierno del Estado Plurinacional quiero decirles: ya basta de soberbia, trabajen por la unidad, sin mirando simpatías o antipatías. Creo que estas últimas semanas han sido una señal muy clara de unidad, para apoyarnos sin fijarnos en el estatus social. Todos y todas han colaborado con una sola idea de ayudar a la gente que estaba sufriendo una tragedia.
Si los políticos actuaran de esta manera, en Bolivia habría respeto mutuo, solidaridad, reciprocidad y el vivir bien no sería sólo un sueño como hasta ahora.
Por otro lado, para comprarse un terreno hay que verificar bien el lugar, no compren a ciegas o porque es bonito el lugar, porque uno quiere vivir en la zona Sur o en la ciudad. Vean primero la seguridad de su familia. Muchas personas dicen, por ejemplo, que El Alto es una ciudad frío y prefieren comprar terrenos en esos cerros para construir casas de tres cuatro pisos. Muchas de estas construcciones ni siquiera tienen autorización del Alcaldía o está prohibido construir casas de piso, pero lo hacen. Incluso hay que desconfiar de la Alcaldía, porque mucha gente tenía sus planos aprobados e incluso así perdió su casa porque la zona era inestable.
jueves, 3 de marzo de 2011
EDUCACIÓN DESDE LA CASA
Por Cristina Ibáñez
Las mamás y los papás debemos inculcar una buena educación a nuestros hijos e hijas, para que aprendan a ser responsables e independientes. Y justamente lo que aprendemos en el hogar es fundamental en nuestra formación como personas.
Es nuestra obligación como papás y mamás orientar a nuestros hijos e hijas para que aprendan a resolver sus problemas y para que aprendan a tomar decisiones en el momento apropiado.
Muchas veces no dejamos que nuestros hijos e hijas enfrenten sus problemas y las diferentes situaciones que se nos presentan en la vida, porque nos resistimos a dejarlos crecer. A veces, de diferentes maneras, fomentamos la flojera y somos responsables de su falta de capacidad para afrontar ciertos conflictos.
También sigue siendo nuestra responsabilidad, tanto de las mamás como de los papás, el criar de forma distinta a los niños y a las niñas. Mientras que a los chicos les dejan mirar la televisión o jugar futbol en la calle, mientras la mamá está haciendo todas las tareas de la casa, a las niñas se les exige que aprendan a tender su cama, a lavar, a cocinar y, además de todo, todavía se les exige, en muchos casos, que atiendan a sus hermanos, mayores o menores.
Nosotras como madres y también los padres, no sólo debemos ocuparnos de proteger a nuestros niños y niñas de los peligros que existen en la sociedad, sino enseñarles que tanto los niños como las niñas, tienen las mismas obligaciones y oportunidades, y que no por el hecho de ser hombres o mujeres, las responsabilidades del hogar, van a recaer en uno o en el otro.
Nuestros niños y niñas deben ser colaboradores en diferentes actividades e ir aprendiendo que en la vida cotidiana no se trata sólo de ayudar a hacer las cosas, sino de asumir responsabilidades.
Podemos enseñarles a guardar sus juguetes, a colocar la mesa, a lavar la ropa, etc. Pero también debemos enseñarles que esas no son obligaciones de las mujeres, sino de cada persona que desordena, que come, que ensucia, etc.
Como trabajadoras del hogar nosotras conocemos las costumbres de nuestros empleadores, porque trabajamos años en diferentes casas y vemos que nada de esto se les enseña a los adolescentes. Por eso aunque nosotras estemos trabajando muy enfermas, a ellos ni se les pasa por la cabeza colaborarnos, aunque saben muy bien que si no estuviéramos nosotras la relación familiar sería desastrosa.
Por eso creo que no solo la educación del colegio es importante, sino también la que se les da en la casa a niños y niñas, sin importar la clase social o el nivel económico de la familia.
miércoles, 2 de marzo de 2011
DERECHO DE LAS MUJERES
Por Cristina Ibáñez
Los derechos de las mujeres han sido violados históricamente, y en especial sus derechos políticos.
Bolivia es un país constituido, mayoritariamente, por poblaciones indígenas que han sido avasalladas durante cientos de años, desde el incario, pasando por la época colonial y posteriormente en la época republicana. Pero ese avasallamiento se reflejó en especial en la dominación de las mujeres indígenas.
Esto ha sido un factor del bajo nivel de desarrollo y el alto grado de pobreza que sufren las mujeres en las poblaciones rurales. La mayor parte de las mujeres en los pueblos estaban totalmente incomunicadas, por lo que no podían exigir sus derechos.
Ahora que vivimos otros tiempos, las mujeres podemos organizarnos, capacitarnos en diferentes actividades y plantear una serie de demandas a las autoridades. Durante siglos hemos sido excluidas y han desvalorado nuestros derechos y todo el trabajo cotidiano que realizamos, que sirve para mantener la vida misma. Pero depende de nosotras exigir nuestros derechos y enfrentar la discriminación hacia las mujeres, que no puede seguir como antes.
Las mujeres estamos decididas a luchar, a exigir nuestros derechos; juntas podemos para generar estrategias para poder ejercer nuestros derechos, sin tener que estar pidiendo permiso a nadie y tampoco dejando que las ONGs se apropien de nuestras iniciativas y de nuestra creatividad. Las mujeres, desde nuestras diferencias y desde nuestras distintas experiencias, podemos trabajar propuestas para enfrentar la violencia y la discriminación. Podemos hacerlo en las ciudades y también en las áreas rurales, porque eso permitirá el desarrollo de las comunidades, donde ahora la gente, pero las mujeres en especial, padecen por la falta de servicios básicos, por ejemplo.
Los hombres han copado los espacios políticos públicos, incluidos los cargos dirigenciales y se resisten a que las mujeres participemos, porque consideran que es una invasión a un espacio tradicionalmente masculino. De ahí la violencia política, que se manifiesta en todo tipo de abusos, desde hacerse atender con las mujeres que son sus compañeras de lucha, hasta amenazarlas, golpearlas e incluso violarlas para desanimar a las más insistentes. Por eso también la inseguridad y el temor de muchas mujeres para ocupar cargos políticos, porque muchos hombres recurren a acciones violentas contra nosotras.
Por eso las mujeres no sólo debemos capacitarnos en diferentes áreas, sino también organizarnos entre mujeres, porque así como está la situación, las soluciones para nuestro país tienen que venir desde nosotras, porque cada día está demostrado que las medidas que disponen los políticos desde el poder no nos están sirviendo.
Los derechos de las mujeres han sido violados históricamente, y en especial sus derechos políticos.
Bolivia es un país constituido, mayoritariamente, por poblaciones indígenas que han sido avasalladas durante cientos de años, desde el incario, pasando por la época colonial y posteriormente en la época republicana. Pero ese avasallamiento se reflejó en especial en la dominación de las mujeres indígenas.
Esto ha sido un factor del bajo nivel de desarrollo y el alto grado de pobreza que sufren las mujeres en las poblaciones rurales. La mayor parte de las mujeres en los pueblos estaban totalmente incomunicadas, por lo que no podían exigir sus derechos.
Ahora que vivimos otros tiempos, las mujeres podemos organizarnos, capacitarnos en diferentes actividades y plantear una serie de demandas a las autoridades. Durante siglos hemos sido excluidas y han desvalorado nuestros derechos y todo el trabajo cotidiano que realizamos, que sirve para mantener la vida misma. Pero depende de nosotras exigir nuestros derechos y enfrentar la discriminación hacia las mujeres, que no puede seguir como antes.
Las mujeres estamos decididas a luchar, a exigir nuestros derechos; juntas podemos para generar estrategias para poder ejercer nuestros derechos, sin tener que estar pidiendo permiso a nadie y tampoco dejando que las ONGs se apropien de nuestras iniciativas y de nuestra creatividad. Las mujeres, desde nuestras diferencias y desde nuestras distintas experiencias, podemos trabajar propuestas para enfrentar la violencia y la discriminación. Podemos hacerlo en las ciudades y también en las áreas rurales, porque eso permitirá el desarrollo de las comunidades, donde ahora la gente, pero las mujeres en especial, padecen por la falta de servicios básicos, por ejemplo.
Los hombres han copado los espacios políticos públicos, incluidos los cargos dirigenciales y se resisten a que las mujeres participemos, porque consideran que es una invasión a un espacio tradicionalmente masculino. De ahí la violencia política, que se manifiesta en todo tipo de abusos, desde hacerse atender con las mujeres que son sus compañeras de lucha, hasta amenazarlas, golpearlas e incluso violarlas para desanimar a las más insistentes. Por eso también la inseguridad y el temor de muchas mujeres para ocupar cargos políticos, porque muchos hombres recurren a acciones violentas contra nosotras.
Por eso las mujeres no sólo debemos capacitarnos en diferentes áreas, sino también organizarnos entre mujeres, porque así como está la situación, las soluciones para nuestro país tienen que venir desde nosotras, porque cada día está demostrado que las medidas que disponen los políticos desde el poder no nos están sirviendo.
martes, 1 de marzo de 2011
LA DELINCUENCIA
Por Otilia Justo
La delincuencia se ha incrementado en los últimos años, tanto en la ciudad de La Paz como en El Alto.
Podríamos incluso decir que la situación se está descontrolando; los delincuentes asaltan gente, roban casas y también automóviles. Por ejemplo, en Villa Dolores, un hombre iba a su casa para guardar su vehículo, pero fue sorprendido por otros dos. Uno de ellos lo golpeó en la cabeza con un piedra para quitarle su celular y dinero, también se llevaron el auto. Y esto ocurre en todos los barrios de nuestras ciudades, incluso en los llamados barrios residenciales.
En la feria 16 de julio, los delincuentes venden por partes los vehículos que han robado, otros llevan las piezas al exterior para ganar un poco más.
Pero no son solo robos y asaltos, también sabemos de asesinatos de gente que quizá se ha resistido a que le quiten sus pertenencias. En la zona 16 de febrero, en El Alto, hace unas semanas, vi a mi vecino que estaba sobre la avenida; 4 sujetos se bajaron de un taxi para robarle, lo sujetaron con una pita amarrada al cuello; por suerte no lo mataron. Pero lo mismo pasa en las zonas céntricas de La Paz, como en la misma Avenida 6 de agosto. La delincuencia no sólo está en los barrios marginales.
Los vecinos ya no podemos transitar tranquilos por las calles, las autoridades responsables deberían elaborar estrategias de seguridad ciudadana en cada distrito municipal de El Alto, los robos y asaltos son el pan de cada día. Además los delincuentes saben que esta ciudad es la menos protegida por la policía. Si bien existen retenes policiales, cuando se les llama por alguna emergencia, ellos no acuden al lugar. Pero esto tampoco pasa solo en El Alto. Ocurre muchas veces que al llamar al 110, por ejemplo, ante una emergencia, la persona que contesta el teléfono ni siquiera sabe dónde se encuentran las diferentes zonas. Probablemente a la ineficiencia de la Policía se suma ese desconocimiento, lo que influye en que demoren tanto en llegar cuando se trata de emergencias.
Por eso, sería beneficioso para la ciudadanía que los policías de Radio Patrullas 110, al menos los que atienden las llamadas, conozcan las ciudades de La Paz y El Alto, porque la tardanza en explicarles la ubicación de alguna calle puede significar la vida o la muerte de alguna persona.
La delincuencia se ha incrementado en los últimos años, tanto en la ciudad de La Paz como en El Alto.
Podríamos incluso decir que la situación se está descontrolando; los delincuentes asaltan gente, roban casas y también automóviles. Por ejemplo, en Villa Dolores, un hombre iba a su casa para guardar su vehículo, pero fue sorprendido por otros dos. Uno de ellos lo golpeó en la cabeza con un piedra para quitarle su celular y dinero, también se llevaron el auto. Y esto ocurre en todos los barrios de nuestras ciudades, incluso en los llamados barrios residenciales.
En la feria 16 de julio, los delincuentes venden por partes los vehículos que han robado, otros llevan las piezas al exterior para ganar un poco más.
Pero no son solo robos y asaltos, también sabemos de asesinatos de gente que quizá se ha resistido a que le quiten sus pertenencias. En la zona 16 de febrero, en El Alto, hace unas semanas, vi a mi vecino que estaba sobre la avenida; 4 sujetos se bajaron de un taxi para robarle, lo sujetaron con una pita amarrada al cuello; por suerte no lo mataron. Pero lo mismo pasa en las zonas céntricas de La Paz, como en la misma Avenida 6 de agosto. La delincuencia no sólo está en los barrios marginales.
Los vecinos ya no podemos transitar tranquilos por las calles, las autoridades responsables deberían elaborar estrategias de seguridad ciudadana en cada distrito municipal de El Alto, los robos y asaltos son el pan de cada día. Además los delincuentes saben que esta ciudad es la menos protegida por la policía. Si bien existen retenes policiales, cuando se les llama por alguna emergencia, ellos no acuden al lugar. Pero esto tampoco pasa solo en El Alto. Ocurre muchas veces que al llamar al 110, por ejemplo, ante una emergencia, la persona que contesta el teléfono ni siquiera sabe dónde se encuentran las diferentes zonas. Probablemente a la ineficiencia de la Policía se suma ese desconocimiento, lo que influye en que demoren tanto en llegar cuando se trata de emergencias.
Por eso, sería beneficioso para la ciudadanía que los policías de Radio Patrullas 110, al menos los que atienden las llamadas, conozcan las ciudades de La Paz y El Alto, porque la tardanza en explicarles la ubicación de alguna calle puede significar la vida o la muerte de alguna persona.
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