lunes, 7 de marzo de 2016

LA RECIPROCIDAD AUN SE PRACTICA


Por Victoria Mamani

Antes de la colonia los indígenas originarios tenían sus formas de vivir, de trabajo, como la práctica del ayni, mink’a,jayma y otros. Dentro de las instituciones aymaras, la práctica más común era el ayni, que es la cooperación mutua (que se paga con otra ayuda) así como describe el escritor Hans Van Den Berg en su libro “la Cosmovisión Andina”. Esta práctica ancestral  se ha ido perdiendo con la migración y la influencia urbana, lamentablemente la juventud de hoy, en algunas comunidades cercana a la ciudad, han ido dejando de lado esta forma de ayuda reciproca, tampoco los padres de familia la promueven.

Generalmente en las comunidades más distantes de la ciudad aún se mantiene el trabajo comunal, la cooperación entre comunarios y comunarias. Digo esto porque en enero estuve por Cochabamba, al llegar a la ciudad fui hasta la comunidad Conda del municipio Cercado, provincia Carrasco, esta comunidad está a 3 horas de viaje desde Cochabamba. La mayor parte de la carretera es asfaltada, pero para llegar a la comunidad hay que transitar un camino de tierra. Los y las habitantes son de origen quechua, todos y todas se comunican en su lengua materna, así hablen castellano, eso me dificultó comunicarme con ellas y ellos para saber más de su cultura.

Cuando llegué a Conda era las 11:00 de la mañana, me aloje en la casa de la  familia Jancori, ese día estaban de duelo porque su suegra había fallecido. Lo que me impactó fue que las y los comunarios, anoticiándose del deceso, llegaron a la casa a ayudar en todo lo que pudieron, unos cocinaban, otros pelaban papa, verduras, picaban cebollas, los hombres ayudaban a llevar agua, leña y carnearon un toro y una oveja.
Con las mujeres que pude hablar, me dijeron que cuando muere una persona si o si tienen que carnear un animal, ya sea una vaca, oveja, chancho o gallina, que tenía en vida la finada o el finado, para que su alma se vaya feliz de la tierra.

Había mucha comida, a las 2:00 de la tarde nos sirvieron lagua ucha de trigo, un plato típico de la región, luego todos acompañaron el entierro. Lo que me extraño, fue que las personas no llevaban ropa negra, ni siquiera la familia. Algunas mujeres tenían cubierto su cabello con  una pañoleta negra, pero nada más. Decían que la finada se fue a mejor vida y que por eso no era necesaria la ropa negra.

Al día siguiente, los familiares de la difunta se alistaron para el lavatorio que se acostumbra hacer en las comunidades, al igual que día anterior, las señoras llegaron para cocinar y recoger todas las pertenencias de la finada. Según decían, las familias dolientes no pueden hacer ninguna actividad, porque si no la pena acompañaría, ósea moriría otra persona de la familia.

Ver esto fue muy interesante, por ejemplo, aquí en el occidente, la familia doliente hace el lavatorio llevando la ropa del o la fallecida, la ropa que le gustaba o se ponía a diario la queman y dicen que así se la lleva. En esa comunidad es similar,  la diferencia está después de quemar la ropa, los y las acompañantes empezaron a construir en un espacio de tierra  una casita, luego su huerta y pusieron diferentes animalitos de barro; decían que era para que la finada no extrañe su casa, ni sus animales y para quienes se quedan en la tierra, es para que no les falte nada, que el alma bendita les llene de prosperidad y que no les haga faltar alimentos.

Escribo esto para que todos y todas practiquemos la solidaridad, la ayuda mutua, así como se mantiene esta práctica en la comunidad Conda.

Dejemos de ser individualistas y egocentristas, que nada bien nos hace.

miércoles, 2 de marzo de 2016

LOS HIJOS E HIJAS NO SON OBJETOS

Por Yola Mamani

Señor presidente, su historia me hizo recuerdo a miles de hombres machistas que he conocido, tanto en el campo como en la ciudad, a través  de mi amigas, compañeras de trabajo, hermanas, primas; que han tenido que enfrentarse solas o con sus wawas a esta vida tan dura, tan machista, que condena a las mujeres por ser soltera o  separada.

Ellas fueron quienes se han tenido que esconder de las críticas, del “pueblo chico  infierno grande” como dicen, ellas han tenido que aguantar cuando las mujeres y los hombres de su pueblo les han apuntado con el dedo diciendo que eran madres solteras, que eran malas mujeres y que por eso les dejó su marido; o que no eran buenos ejemplos para sus hijos e hijas. Cuántas mujeres que se han separado me han contado que primero tenían que mirar por el huequito de la puerta para salir corriendo de su casa sin que nadie las mire feo, ni que estén murmurando a su espaldas, y que llegaban tarde para que los vecinos estén dormidos y nos les reprochen nada, así de triste es para las mujeres solas.

Cuántos hombres como usted señor presidente se han hecho la burla y han negado a sus wawas desde el primer momento que se enteraron de un embarazo, que vergüenza y pena que usted tenga que terminar como víctima, aunque lo que pasó fue que no quiso asumir su responsabilidad a la hora de la hora, aquí la víctima es pues esa hija o hijo negado, escondido.

Digo todo esto, porque tengo muchas amigas y compañeras  trabajadoras asalariadas del hogar, que han decidido ser madres solteras a pesar de la condena ejercida por esta sociedad machista, pues me recordé también la historia de una compañera trabajadora del hogar, que un día llegó al sindicato de trabajadoras del hogar, llorando, suplicando ayuda, para que no le quiten a su wawa, porque su ex pareja era policía y movía todas sus influencias y la amenazaba. Ella prefirió renunciar a las pensiones familiares para que él no la chantajee y para no compartir el cariño de su wawa, que con tanto sacrifico cuidó. Ese no era nuestro trabajo, pero teníamos que hacerla sentir acompañada y que no estaba sola; como sindicato de trabajadoras del hogar no hemos permitido que le quiten la tenencia de la wawa, les hablo de hace 5 años atrás, hoy esa wawa es pues un adolecente de 17 años, justo el año pasado me encontré con esta compañera, ya un poco mayor y me contó que ahora el padre del muchacho otra vez se lo quiere llevar, porque dice que ya está viejo y enfermo y necesita que alguien se encargue de él, como si él se hubiera encargado del pequeño cuando lo necesitó.

 Mientras la compañera trabajadora asalariada del hogar nunca se separó de él,  trabajo día y noche para tener dinero y comprarle útiles escolares, para hacerle una fiesta cumpleaños, para comprarle unos juguetes no tan caros, porque ella gana un salario mísero y sus empleadores la someten a la explotación laboral, todo porque tiene una wawa y la chantajean y la manipulan con su hijo diciendo que en ningún lugar la van aceptar con sus hijo a cuestas.


Ella aguantó porque en su trabajo tiene por lo menos comida y un techo donde dormir y hasta un salario mísero que no le alcanza para nada, más que para sobrevivir. De ese tipo de historias soy testigo y me indignan los hombres irresponsables como usted.

lunes, 22 de febrero de 2016

NO TENEMOS, NI TENDREMOS VIVIENDA


Por Arminda Gomez

El programa Vivienda Social es un programa del gobierno que se supone debe beneficiar a aquellas personas de escasos recursos que no tienen un techo propio.  Imagino que eso también es parte del vivir bien del que tanto se habla en estos días, pero al parecer se trata solo de un discurso de las autoridades centrales.
Cuando una quiere acceder a una vivienda social debe cumplir una infinidad de requisitos, pero lo principal, es saber si eres capaz de pagar por la vivienda.
La persona que quiera beneficiarse con ese programa, tiene que ganar un monto mayor a cinco mil bolivianos, así que de entrada, una persona como yo está descartada, que no tengo un trabajo fijo y el dinero que puedo percibir mensualmente apenas alcanza al mínimo nacional. 
Yo me pregunto a quienes beneficia esta vivienda social? ¿No tendría que beneficiar a la gente pobre? Me pregunto también que hacemos las trabajadoras del hogar, las mujeres barrenderas, vendedoras, madres solteras, que no ganamos ni cerca de cinco mil bolivianos?
Porque nos hacen creer una mentira, porque juegan con la ilusión de la gente, seguramente no he sido la única persona que ha quedado totalmente decepcionada, muchas como yo que no pueden acceder a la vivienda social, programa del que hace alarde el gobierno, escucharán el discurso que tienen los políticos que ahora están en el poder y podrán asegurar con dolor que lo que están diciendo son puras mentiras.

lunes, 15 de febrero de 2016

EL CARNAVAL DE HOY



Por Victoria Mamani

El carnaval era una festividad eminentemente cristiana y contenía un profundo sentido religioso. Por lo tanto, el carnaval está incluido en el año litúrgico. Luego del domingo de tentación, continúa la cuaresma, etapa en la cual las personas debían arrepentirse de sus pecados con el ayuno y abstinencia hasta llegar a la Semana Santa; y por último, al domingo de resurrección donde finaliza la cuaresma y comienza la liturgia del triunfo de Cristo. Eso según la religión católica.

El Carnaval se festeja en todo el territorio boliviano según las  costumbres que tiene cada una de las regiones.
En la actualidad, hay un sincretismo cultural donde las costumbres originarias han sufrido variaciones, ya que los elementos con que se challaban antes como las flores naturales, frutas, adornos hechos con lanas de colores y otros, se han cambiado por globos, serpentinas misturas, adornos de plástico, pinturas y espumas, elementos que son muy contaminantes. A pesar de ello, el deseo es el mismo “que la ch´alla nos traiga felicidad y prosperidad”.

Hoy la ch’alla es una tradición que pasó del área rural andina a la urbana y gracias a la migración ahora se practica en la mayor parte del país. La deferencia está en que en el área rural la gente ch’alla en comunidad sus cultivos, la tierra que les cobija, como una forma de compartir con la naturaleza, en armonía con los demás seres y sentir el bienestar en sus hogares. Es una forma de relacionamiento social entre el hombre y la Pachamama. Ella es parte fundamental de la creencia del mundo andino, donde todas las cosas tienen vida y por tanto el ser humano debe mantener un fuerte contacto con ella.

En el área urbana se ch’alla lo material, la casa, auto, empresas, puestos de venta; el ritual es más individualista; ahí se demuestran el poder económico que posee cada familia, hay derroche de alcohol sin importar la molestia que causan a otros, incluso a sus propios hijos e hijas pequeñas.
En la urbe paceña cada año se organiza la entrada de Jisk’a Anata, donde bailan las comparsas de ch’utas, pepinos y otras danzas como caporales, morenada, que para mí nada tienen que ver con la entrada de Jisk’a Anata.

Lo malo de esta entrada es que se ha mercantilizado, antes una se sentaba en las aceras y veía las comparsas tranquila, pero ahora hay que pagar hasta por el espacio. Por ejemplo el lunes de Jisk’a Anata estuve por la avenida Montes y quienes comercializan con los espacios cerraron con sillas toda la avenida de subida y cobraban 50 o 60 bolivianos por cada asiento y ni siquiera podías quedarte para unos minutos pues empezaban a gritar. 

No sé por qué la alcaldía permite que estas fiestas  se conviertan en un negocio para algunos, si se supone que este tipo de celebraciones son para recuperar nuestras tradiciones y costumbres. Ojala haya una regulación al respecto y que todos y todas podamos disfrutar y preservar nuestras tradiciones sin restricciones económicas.